jun 30, 2017
jun 30, 2017

Lecciones de una de las mayores leyendas del mundo de las apuestas

Lecciones de una de las mayores leyendas del mundo de las apuestas

Titanic Thompson es considerado como uno de los mayores apostadores de proposiciones de la historia. Vivió en una época pasada en la que las apuestas eran puros timos. Aunque merezca la pena leer sus hazañas simplemente por su ingenio y emoción, también proporcionan lecciones inolvidables para los aspirantes a convertirse en apostantes en la era digital. Sigue leyendo para saber más acerca de una de las mayores leyendas del mundo de las apuestas.

Nacido a finales del siglo XIX en una zona rural y aletargada de Missouri, Alvin “Titanic” Thompson pasó de jugar al cara o cruz con centavos en el porche de su casa a convertirse en una de las mayores leyendas de la historia en el mundo de las apuestas.

Thompson era un golfista ambidiestro y consumado (consideraba que jugar en el PGA Tour supondría un recorte salarial), un experto jugador de póquer y un maestro de los dados y las cartas. Viajó a lo largo y ancho de Estados Unidos con una bolsa de palos de golf (para diestros y zurdos) en el maletero de su Pierce-Arrow, junto con una bola de bolos, herraduras, una pistola y un fajo de billetes, en busca de víctimas con las que apostar.

Entre sus objetivos se encontraban los ricos y famosos, o cualquiera lo suficientemente ingenuo como para enfrentarse a él en una partida de dados, billar, golf o póquer, competir en un lanzamiento de moneda o aceptar sus peculiares y extravagantes proposiciones.

Una época diferente, el mismo juego

Aunque Titanic Thompson es más que una mera leyenda, muchas de las historias de sus hazañas han evolucionado a lo largo del tiempo hasta convertirse en mitos modernos, pero ninguno más que el origen apócrifo de su apodo. Se dice que le apodaron Titanic porque consiguió abandonar el famoso buque en pleno naufragio vistiéndose como una mujer.

Las matemáticas, la semántica de la proposición, la atención al detalle, la elección del momento oportuno y la comprensión del lenguaje corporal son factores que le situaron muy por delante de su tiempo a la hora de explicar las debilidades del comportamiento.

La verdad es que Titanic se granjeó su apodo debido a una de las apuestas de proposición por las que llegó a ser tan tristemente célebre. Dado su ingenio y toque de humor, proporcionan un ejemplo mucho más entretenido, aunque no menos relevante, de lo que significa apostar con ventaja, un mensaje que es como un mantra en la sección Recursos para apostar.

En ese sentido, Titanic se adelantó muchísimo a su tiempo. No tenía formación académica, de hecho era analfabeto, pero poseía una apreciación intrínseca de cómo funcionaba una proposición de apuesta y, además, se dio cuenta de que junto con la práctica y la investigación, saber cuándo estaban las cuotas a su favor resultaba fundamental para obtener y mantener una ventaja

A medida que su ambición crecía, contrató los servicios de Patrick McAlley1, antiguo profesor de Matemáticas de la Universidad de Columbia, para que le impartiera un curso intensivo sobre los mecanismos de las cuotas de apuesta. Estaba especialmente interesado en la probabilidad de las apuestas contrarias al sentido común en los dados, el póquer y el lanzamiento de moneda, ya que consideraba que le podrían reportar grandes beneficios, especialmente en el caso de las apuestas de proposición.

Sin saberlo, Alvin estaba dando los primeros pasos en el campo de la psicología del comportamiento, en el que personas como Kahneman y Tversky recibieron el premio Nobel más de 50 años después.

Titanic: hunde a todo el mundo

Tras trabajar como secundario en un espectáculo ambulante de tiro al blanco, Thompson llegó a Joplin (Missouri) en 1912, alrededor de la fecha en la que el Titanic estaba a punto de pasar a la historia. Allí jugaba al billar en una sala llamada Snow Clarks, apostando sumas equivalente al salario medio anual de la época. Según la excelente biografía de Kevin Cook, Titanic estaba saliendo del local cuando vio un letrero que decía: “200 $ para cada hombre que salte sobre mi nueva mesa de billar”.

Titanic Thompson comprendió que saber cuándo estaban las cuotas a su favor resultaba fundamental para obtener y mantener una ventaja.

Para un tipo cualquiera que tan solo estaba jugando unas partidas, el letrero era retórico, pero para Titanic representaba un desafío tanto para su ingenio como para su habilidad física; ambos atributos eran realmente excepcionales. Su habilidad consistía en reconocer al instante que una proposición, como saltar una mesa de billar, podía parecer imposible, pero al considerarla desde una perspectiva diferente podía hacer que estuviera a su favor.

“Puedo hacerlo”, fanfarroneó, provocando las burlas de quienes se encontraban en el local. Incluso si pudiese de alguna manera lograr la proeza hercúlea de saltar la mesa, Snow Clark y sus clientes creían que el desafío era tal que las lesiones sufridas no justificarían la recompensa, simplemente no esperaba pagar. 

Thompson salió del local, dejando a los incrédulos pensando que había sido humillado, pero volvió 10 minutos después... arrastrando un colchón que había comprado en un motel cercano.

Saltó la mesa y el colchón paró su caída, lo que le hizo ganar 200 $ y le granjeó un apodo que le acompañaría el resto de su vida. Titanic, porque según Snow Clark: “Hunde a todo el mundo”.

Una de las apuestas favoritas y más estrafalarias de Titanic consistía en el lanzamiento de un cacahuete, una nuez o un trozo de fruta por encima de un edificio.

Thompson no bebía ni fumaba, simplemente vivía para apostar, y aunque la emoción era más importante para él que acumular riquezas (falleció con tan solo 400 $ guardados en un calcetín), fue un estudiante aplicado de cada aspecto de las apuestas. Para los aspirantes a convertirse en apostantes, la lección que deben aprender con Titanic es la de disfrutar sus anécdotas y apreciar sus habilidades únicas, pero no pasar por alto sus defectos.

Las matemáticas, la semántica de la proposición, la atención al detalle, la elección del momento oportuno y la comprensión del lenguaje corporal son factores que le situaron muy por delante de su tiempo a la hora de explicar las debilidades del comportamiento.

20 millas hasta Joplin

Alvin pasó su vida casi exclusivamente en compañía de otros apostantes. Era un especialista en encontrar una proposición entre lo mundano o común, o al menos en hacer que así pareciera. Este arte del engaño y la preparación meticulosa jugó un papel decisivo en uno de sus timos más famosos.

Una tarde, cuando conducía de vuelta a Joplin tras ir a pescar con una pareja de jugadores de póquer, Beanie Benson y Hickory McCullough, el trío pasó por delante de una cuadrilla de trabajadores de carreteras que estaba colocando una nueva señal de tráfico que indicaba una distancia de 20 millas hasta Joplin.

La siguiente vez que el grupo se fue de pesca, Thompson les atiborró de bebidas y, en el viaje de vuelta, afirmó que la señal estaba equivocada y que no quedaban 20 millas hasta la ciudad.

“Seguro que está bien, tienen cuidado con este tipo de cosas”, dijo Beanie.

“Te apuesto 100 $ a que no hay más de 15 millas”, replicó Thompson.

“Te apuesto 500 $ a que te equivocas”, respondió Beanie (500 $ era una cantidad superior a un buen sueldo mensual).

“Apuesto 500 $ a que la señal está bien”, dijo Hickory uniéndose a la conversación.

“Chicos, acepto la apuesta”, y la apuesta estaba en marcha. 

El trío estuvo pegado al cuentakilómetros del coche mientras conducían en silencio de vuelta a la ciudad, y este demostró que el trayecto no había superado las 15 millas. Maldiciendo a la Dirección General de Carreteras, la pareja pagó su deuda y juró que nunca volverían a apostar contra Titanic.

Por supuesto, lo que Benson y McCullough no sabían era que cuando Titanic vio por primera vez cómo colocaban la señal, le pagó a alguien para que le llevara de vuelta desde Joplin y así poder quitar la señal y ponerla cinco millas más cerca de la ciudad. La anécdota capta perfectamente el talento de Thompson para establecer una proposición: su motivación era el dinero, su ingenio y sus fondos proporcionaban los medios, por lo que tan solo tenía que esperar a que se presentara la oportunidad. Y durante los siguientes 50 años hubo muchísimas oportunidades. A continuación presentamos una selección:

La trampa tendida al jugador de damas

Al enterarse de que Lock Renfro, campeón de damas, había lanzado un desafío de 10 000 $ en Kansas a cualquiera que se atreviera a enfrentarse a él, Titanic decidió aceptarlo a pesar de que su experiencia con este juego se remontaba a su época escolar. Sentado enfrente del campeón, Titanic se mostraba nervioso y torpe, pero logró sacar ventaja, prolongando la partida por diversión. Renfro no sabía que Harry Lieberman, campeón de ajedrez de Estados Unidos, estaba mirando por un agujero en el techo y dándole consejos a Titanic a través de un aparato electrónico atado a su pierna.

La herradura de la suerte

El lanzamiento de herraduras era una parte importante de la cultura rural en el siglo XIX y principios del XX. Thompson se enteró de que un lanzador llamado Frank Jackson había lanzado un desafío a todo el que quisiera participar por cualquier cantidad. Thompson no tenía experiencia en este deporte, aunque el movimiento del antebrazo presentaba similitudes con el realizado al jugar a los bolos, pero condujo hasta Des Moines (Iowa), montó una pista en un callejón junto a su hotel y se puso a entrenar. 

Si en tu repertorio no cuentas con estas matemáticas básicas, pero ligeramente innaturales, de la probabilidad elemental, entonces vivirás una larga vida como un hombre con una sola pierna en un concurso de patear culos. Charlie Munger

Tras realizar deliberadamente algunos lanzamientos malos, Titanic convenció a Jackson para que apostara 10 000 $. Titanic acertó con cada lanzamiento, mientras que el campeón falló por unos 30 cm y pagó a regañadientes. No se imaginaba que la barra clavada en el suelo en la pista de Titanic, en la que había pasado tantas horas entrenando, se encontraba a 12,3 m, en lugar de a los 12 reglamentarios.

Lanzar un cacahuete por encima de un edificio

Una de las apuestas favoritas y más estrafalarias de Titanic consistía en el lanzamiento de un cacahuete, una nuez o un trozo de fruta por encima de un edificio. Lógicamente, las víctimas se mostraban escépticas y aceptaron su desafío, incluyendo Al Capone. La mayoría de las veces Thompson pagaba a un frutero para que le diera un objeto cargado (con plomo dentro), lo que le proporcionaba peso suficiente para superar el desafío. Capone fue cauteloso e insistió en aplastar el limón (la variante para esta versión), de modo que Titanic utilizó su juego de manos para cambiar el limón por otro y superar el desafío.

En ocasiones estas proposiciones dependen del enunciado. “Apuesto a que pongo una sandía en el tejado de aquel edificio”, esto se podría simplemente cogiendo el ascensor y subiendo por la escalera de incendios con la fruta bajo el brazo.

Enfrentarse cara a cara con un peso pesado

Mientras se alojaba en un hotel de la ciudad exóticamente llamada French Lick, y durante un descanso de un maratón de póquer, conoció a un engreído boxeador profesional cuyo ego le convertía en la víctima perfecta. Apostó 1000 $ con el boxeador a que no podría noquearle mientras ambos estaban de pie sobre el mismo periódico. Parecía dinero fácil, como siempre, hasta que Thompson puso el Spring Valley Herald a través del umbral de una puerta, de manera que estaba cara a cara con el boxeador, luego se apartó del periódico para cerrar la puerta que había entre ellos y volvió a ponerse sobre el periódico. Dinero fácil, sin duda.

La búsqueda de una ventaja sigue siendo igual

Cuando Titanic nació solo había 16 kilómetros de carreteras pavimentadas en los Estados Unidos. En el momento en que su carrera entró en declive, en la década de 1970, era reconocido en Las Vegas, lo que realmente le privó de la mayoría de su ventaja. A medida que las apuestan habían evolucionado hasta convertirse en una actividad de ocio común, quienes ofrecían apuestas se habían vuelto más sofisticados. Aunque la búsqueda de una ventaja sigue siendo la misma, tan solo han cambiado los métodos.

Probablemente Titanic Thompson habría sido un gran seguidor del matemático rumano Stefan Mandrel, que en la década de 1970 compró todas las combinaciones de boletos de loterías con bote en las que el mayor premio presentaba la situación única de un valor esperado positivo en comparación con su inversión. Se retiró siendo millonario y vive en una isla del Pacífico.

La motivación de Titanic Thompson era el dinero, su ingenio y sus fondos proporcionaban los medios, por lo que tan solo tenía que esperar a que se presentara la oportunidad.

La banda “hole in 1” nos brinda otro ejemplo pintoresco de cómo encontrar una ventaja (esta vez en la década de 1990 en el Reino Unido): para saber más, lee este artículo sobre la intuición. Un grupo de apostadores astutos explotó la escasa comprensión que las casas de apuestas independientes tenían acerca de la probabilidad subyacente de conseguir un hoyo en uno en los torneos de golf televisados. Publicaron cuotas disparatadas mucho más allá de la verdadera probabilidad subyacente y fueron debidamente castigadas.

Nuestra entrevista con un famoso apostante deportivo, Lewis Deyong, arrojó mucha luz acerca de lo que fue una época dorada para encontrar valor, si sabías dónde buscar, pero terminó con la admisión de que los tiempos y los métodos han cambiado. Sin embargo, sigue habiendo oportunidades para que los apostantes obtengan beneficios, si el beneficio es tu objetivo, que no implican arrancar señales de tráfico pero que requieren la misma convicción y dedicación y, sobre todo, el conocimiento de cuándo están las cuotas a tu favor. Puede que la mejor forma de transmitir la actitud requerida sea terminar este artículo con una cita del famoso inversor Charlie Munger, la mano derecha de Warren Buffet.

“Si en tu repertorio no cuentas con estas matemáticas básicas, pero ligeramente innaturales, de la probabilidad elemental, entonces vivirás una larga vida como un hombre con una sola pierna en un concurso de patear culos”.

Titanic lo sabía y siempre estuvo buscando a un hombre con una sola pierna. Mantén los dos pies en el suelo mediante la comprensión de cómo funcionan las apuestas o simplemente tómate las apuestas como una actividad de ocio.

Recursos para apostar: facultando sus apuestas

La sección Recursos para apostar de Pinnacle es una de las recopilaciones más exhaustivas de consejos expertos sobre apuestas que encontrará en Internet. Dirigida a todos los niveles de experiencia, nuestro objetivo consiste simplemente en facultar a los apostantes para que estén mejor informados.