jun 16, 2016
jun 16, 2016

La paradoja de la habilidad

La paradoja de la habilidad
Desde las finanzas hasta los deportes, las apuestas son una combinación de habilidad y suerte. La clave para el éxito a largo plazo no reside en seleccionar a los ganadores, sino en encontrar valor y obtener beneficios constantes. Los tipsters suelen prometer altas tasas de acierto pero, ¿pueden obtener un rendimiento constante a largo plazo? La respuesta se encuentra en lo que se denomina la paradoja de la habilidad.

La variabilidad de los resultados de sus apuestas, y por ende sus beneficios, es una combinación de la variación de su habilidad y la variación de la suerte. Aunque los resultados deportivos están sujetos a una aleatoriedad inherente, si su evaluación de la probabilidad de un resultado (en otras palabras, las cuotas) es mejor de media que las publicadas por la casa de apuestas, tendrá garantizada una expectativa positiva. 

¿Qué representan las cuotas?

Sin embargo, las cuotas de las casas de apuestas constituyen en gran medida un reflejo de la opinión del mercado acerca de la probabilidad de un resultado, descontando la influencia del margen. ¿Qué es el mercado? Se trata sencillamente del grupo de apostantes expresando sus opiniones acerca de la probabilidad del resultado con su dinero.

En otras palabras, las cuotas de las apuestas representan sencillamente la opinión media ponderada de los jugadores participantes en un concurso de predicción, en el que la clave para tener éxito consiste en contar con mejores habilidades predictivas que los oponentes. Si se tienen, es probable encontrar valor y obtener beneficio a largo plazo. Parece bastante fácil. Entonces, ¿por qué resulta tan difícil encontrar valor constante? La respuesta se encuentra en lo que se denomina la paradoja de la habilidad. 

Si su evaluación de la probabilidad de un resultado (cuotas) es mejor de media que las publicadas por la casa de apuestas, tendrá garantizada una expectativa positiva (beneficios a largo plazo).

Lecciones extraídas del béisbol

En 1941, Ted Williams, un jugador de los Red Sox de Boston en la Major League Baseball, tuvo una media de bateo de 0,406. Teniendo en cuenta que las medias de bateo típicas han permanecido prácticamente inalterables desde los orígenes de los encuentros profesionales en la década de 1870 (entre 0,25 y 0,28), este fue un logro destacado y algo que no se ha repetido desde entonces.

Sin embargo, se puede argumentar que Williams no hubiera logrado nada parecido a esa media en la liga actual, dadas las mejoras en los entrenamientos, la forma física, la dieta y la profesionalidad en general. Entonces, ¿qué está pasando? En primer lugar, la media de bateo es sencillamente una medición de habilidad relativa, entre el pitcher por una parte y el bateador por la otra.

Como la Major League Baseball cada vez es más profesional, los bateadores cada vez son más habilidosos a nivel individual al golpear la bola. Sin embargo, al mismo tiempo, los pitchers tienen una habilidad cada vez mayor al lanzar. Michael Mauboussin, autor de La ecuación del éxito, describe esto como una especie de carrera armamentista: las habilidades absolutas mejoran en general, pero las habilidades relativas, de media, se mantienen más o menos igual.

En segundo lugar, aunque los niveles totales de habilidad han mejorado, la diferencia entre los mejores y los peores bateadores (y pitchers) se ha reducido. Podemos explicar esto imaginando que hubiera un “muro” de habilidad humana. En los primeros años del béisbol profesional, unos pocos jugadores ya se estaban acercando al “muro”, pero la mayoría estaba a bastante distancia. Con el paso del tiempo, aparecieron mejores bateadores (y pitchers) que fueron sustituyendo progresivamente a los más débiles y, como consecuencia, la diferencia entre los mejores y los peores se ha estrechado.

Cuanto más me esfuerce, más suerte tendré

Como la variación observada en los resultados es la variación de la habilidad más la variación de la suerte, un descenso de la variación de la habilidad (sin que cambie la variación de la suerte) se debería poner de manifiesto en la variación observada de las medias de bateo, cuantificadas mediante la desviación estándar.

A medida que la variación de la habilidad disminuya la variación de la suerte, la suerte cobrará una importancia cada vez mayor en el cálculo de los resultados, y por tanto, de los beneficios.

Efectivamente, durante los primeros años del béisbol profesional (década de 1870) en los Estados Unidos, la desviación estándar de las medias de bateo se situó en torno al 0,05, lo que significa que alrededor de dos tercios de todas las medias de bateo se situaron más o menos en el rango de 0,2 a 0,3, con aproximadamente el 95% entre 0,15 y 0,35.

Actualmente, la desviación estándar es aproximadamente la mitad de la que fue. En consecuencia, los valores atípicos han pasado a ser menos habituales. En el siglo XIX podríamos haber esperado que se diera una media de bateo de 0,40 una vez entre cada 1.000 bateadores; en la actualidad, esa probabilidad sería de 1 entre un millón.

Mauboussin también nos recuerda que a medida que la variación de la habilidad disminuya la variación de la suerte, la suerte cobrará una importancia cada vez mayor en el cálculo de los resultados. “Si todo el mundo va siendo mejor en algo, la suerte tendrá un papel cada vez más importante a la hora de determinar quién gana”.

El caso de los tipsters

Como ocurre en el béisbol, las apuestas son realmente un concurso de habilidades relativas entre los apostantes a favor y en contra, y en el mundo financiero, también entre los compradores y vendedores. Si un lado es más hábil que el otro en la previsión (del resultado de un partido o del valor intrínseco de un activo), existe la posibilidad de asegurar una expectativa positiva a largo plazo, después de que la buena y la mala suerte se hayan contrarrestado.

Sin embargo, la paradoja de la habilidad ha revelado que a medida que más y más jugadores adoptan métodos cada vez más sofisticados para predecir el futuro, su rango de habilidades se estrechará y la suerte adquirirá una influencia cada vez mayor sobre los resultados de las apuestas.

En referencia al rendimiento de los inversores institucionales profesionales, Mauboussin afirma que “cuanto más se parezca el nivel de habilidad de todo el mundo, más cabe esperar que se reduzca el rango de exceso de rentabilidad para los administradores de fondos”. Efectivamente, eso es exactamente lo que ha pasado.

A medida que más y más personas aceptaron el reto de vencer al mercado entre 2007 y 2014, más difícil resultó hacerlo, con mejores pronosticadores convergiendo hacia un “muro de la verdad”.

Entre 1960 y 1997, la desviación estándar en el exceso de rentabilidad de los fondos de inversión Morningstar mostró una tendencia a la baja, pasando de alrededor del 13% al 8%. Al igual que ocurre en el béisbol con los grandes bateadores, los pronosticadores con mucho éxito fueron desapareciendo; no porque fueran menos hábiles a la hora de predecir la rentabilidad, sino porque competían con contrincantes cada vez más parecidos. 

De forma similar, como verificador de tipsters entre 2001 y 2015, he observado un descenso en la desviación estándar de los beneficios agregados en cinco años consecutivos, pasando del 2,5% en el periodo comprendido entre 2002 y 2007 a tan solo el 1% entre 2009 y 2014.

Probablemente, este periodo fue testigo del mayor crecimiento en las apuestas deportivas por Internet, pero a medida que más y más personas aceptaron el reto de vencer al mercado, más difícil resultó hacerlo, con mejores pronosticadores convergiendo hacia un “muro de la verdad”.

Puede que los jugadores sean mejores en términos absolutos, pero con ello ahora resulta más difícil obtener una buena rentabilidad. A medida que la eficacia del mercado va en aumento, los “bateadores de 0,400” de los tipsters pueden ir desapareciendo. 

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