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Parte 1: ¿Por qué apostamos? Irracionalidad y exceso de confianza

Parte 1: ¿Por qué apostamos? Irracionalidad y exceso de confianza

Para los discípulos de la teoría de la elección racional, el negocio de las apuestas supone un dolor de cabeza. Supuestamente, las personas siempre toman decisiones racionales intentando maximizar su ventaja mientras minimizan sus pérdidas. No pagarías 1000 € por unas vacaciones si pensases que solo valen 500 €. Si una apuesta tiene un valor esperado de cero o inferior, ¿por qué la realizan los apostantes? Sigue leyendo para averiguarlo.

La psicología de las apuestas es indiscutiblemente un tema complejo, pero en la superficie hay una pregunta sencilla: si los apostantes, de media, pierden dinero, ¿por qué les sigue pareciendo atractivo apostar? En este artículo, analizaremos la falta de comprensión en términos de valor esperado, así como por qué la expectativa matemática y la utilidad (o atractivo) no significan necesariamente lo mismo.

¿Es irracional apostar?

En la mayoría de los tipos de apuestas, incluyendo los juegos de casino y las loterías, el valor esperado es negativo. Para la gran mayoría de apostantes deportivos, si las probabilidades del resultado no están matemáticamente determinadas a partir de principios básicos, la expectativa parece ser igual de improductiva.

Una vez considerados los costes de apostar (la ventaja de la banca, la comisión en el póquer, el margen de la casa de apuestas, etc.), el apostante típico perderá dinero durante un periodo de apuestas. Damos por sentado que la providencia a corto plazo puede hacer que obtenga beneficios, pero en última instancia, la ley de los grandes números conspirará para vencer incluso al más afortunado de los jugadores.

Nuestra incapacidad para evaluar correctamente las probabilidades es tan solo uno de los muchos sesgos cognitivos que experimentamos y que nos desvían de la toma de decisiones racional.

Sobre esta base, parece razonable argumentar que apostar representa un comportamiento irracional. Además, hay abundantes pruebas que sugieren que los jugadores no comprenden las probabilidades que acompañan a su toma de decisiones.

Un ejemplo específico de lo anterior implica los efectos de posibilidad y certidumbre. Según estos efectos, los responsables de tomar decisiones sobrevaloran o infravaloran la probabilidad de eventos improbables y casi ciertos respectivamente. En las apuestas, esto se pone de manifiesto en el sesgo improbable favorito, en el que los improbables tienen un valor esperado relativamente peor en comparación con los favoritos.

Nuestra incapacidad para evaluar correctamente las probabilidades es tan solo uno de los sesgos cognitivos que experimentamos y que nos desvían de la toma de decisiones racional. En el contexto de las apuestas, esto da lugar presumiblemente a un sesgo que quizás sea todavía más poderoso: el exceso de confianza. 

Exceso de confianza

El exceso de confianza o superioridad ilusoria es un sesgo cognitivo por el que las personas sobrestiman sus propias cualidades y capacidades en comparación con otras personas. Dado el entorno competitivo que existe en el mundo de las apuestas y, en concreto, en el de las apuestas deportivas, donde los conocimientos de los pronosticadores se enfrentan entre sí, cabe esperar que el exceso de confianza sea algo habitual.

También conocido como el efecto Lake Wobegon (o por encima de la media), que lleva el nombre de una ciudad ficticia de Minnesota, describe la tendencia natural e interesada del ser humano a sobrestimar sus capacidades. En Lake Wobegon, todas las mujeres son fuertes, todos los hombres son atractivos y todos los niños están por encima de la media. El efecto Lake Wobegon, en el que la mayoría de un grupo afirma estar por encima de la media, se ha observado en muchos ámbitos, incluyendo la popularidad social, la inteligencia y la pericia al volante.

Las cuotas solo representan una reflexión pública de todas las opiniones sostenidas en privado acerca de la probabilidad de un resultado, expresada en dinero.

No cabe duda de que he observado el efecto Lake Wobegon entre la comunidad de servicios de asesoramiento deportivo. En el Cuestionario descriptivo de estudiantes del consejo universitario 1976/77 (Estados Unidos), el 60 % de los 829 000 estudiantes de último año de bachillerato se evaluó a sí mismo por encima de la media en cuanto a su capacidad atlética, en comparación con solo el 6 % que se evaluó por debajo de la media. Estas cifras difieren aún más cuando se evaluaron las capacidades de liderazgo (70 % frente a 2 %). En cuanto a la capacidad de llevarse bien con los demás, ¡ninguno de los encuestados consideró que estaba por debajo de la media en absoluto!

Cuando alguien está vendiendo, ¿quién está comprando?

En su best seller Pensar rápido, pensar despacio, el psicólogo cognitivo Daniel Kahneman cuenta la historia de un encuentro con el jefe del departamento de inversiones de una empresa de Wall Street, y en concreto de una pregunta que le planteó. “Cuando vendes una acción, ¿quién la compra?” En líneas generales, ¿qué hace que una persona compre y la otra venda? ¿Qué piensan los compradores que saben y que los vendedores no saben?

Evidentemente, alguien debe estar equivocado, o al menos más equivocado que la otra persona. La alternativa es que cada transacción se realice al precio “verdadero”, lo que implica que nunca nadie obtendría un beneficio. Eso sí que sería irracional. Dado que ambas partes están dispuestas a participar en una transacción, el exceso de confianza mutuo en sus capacidades a la hora de evaluar con exactitud el precio de una acción debe tenerse en cuenta al explicar por qué están dispuestas a hacerlo.

Conocer cuánto te cobra una casa de apuestas o por qué apostamos no le resta valor al disfrute que nos aporta, simplemente te coloca en la dirección correcta para encontrar el valor esperado.

Eso mismo es cierto en el caso de las apuestas. Básicamente, las cuotas de un resultado reflejan a grandes rasgos la probabilidad de que ocurra. Después de todo, nadie va a apostar a que el Sutton United vence al Arsenal FC con una cuota de 1,05 (o 1/20), independientemente de lo que opinen acerca de Arsène Wenger. Las cuotas solo representan una reflexión pública de todas las opiniones sostenidas en privado acerca de la probabilidad de un resultado, expresada en dinero.

El valor al que se establecen las cuotas representa un proceso implícito de intercambio y consenso. Tanto quien apuesta a favor (comprador) como quien ofrece la cuota (vendedor) se habrán formado intuitivamente una idea aproximada de lo que consideran que un precio adecuado representaría para ellos. El exceso de confianza permite entonces que ambas partes sostengan mutuamente la opinión de que cada una de ellas se ha asegurado algún tipo de valor esperado positivo a expensas de la otra, lo que evidentemente es una imposibilidad lógica.

Sin este exceso de confianza, la apuesta no se realizaría, dado que ambas partes racionalmente interesadas en su propio interés están motivadas por la expectativa de obtener un beneficio basándose en información que es mejor que la de su rival, no tiran su dinero por amor al arte.

¿Qué sucede con aquellos que observan desde el exterior?

Aunque factores como la irracionalidad, el exceso de confianza y otros sesgos del comportamiento puedan explicar por qué apostamos, eso no significa necesariamente que puedan controlar cómo apostamos. Comprendiendo lo que significan esos sesgos del comportamiento y sabiendo que, en cierta medida, influyen a todo el mundo, los apostantes pueden adoptar una perspectiva de “observador externo”. 

Saber cómo influyen los sesgos del comportamiento en las decisiones de apuesta y ser capaces de calcular los márgenes de las apuestas no le resta valor al disfrute que nos aporta, simplemente te coloca en la dirección correcta para encontrar el valor esperado y adoptar un enfoque más fundamentado a la hora de apostar.

La pregunta obvia que surge de este artículo es: ¿qué hace que se genere tal exceso de confianza en el contexto de las apuestas? ¿Qué hace que los apostantes se sientan tan seguros de tener razón? Encontrarás la respuesta en la segunda parte de este artículo, en la que abordaremos la ilusión de la causalidad y otros factores que pueden explicar por qué apostamos.

Recursos para apostar: facultando sus apuestas

La sección Recursos para apostar de Pinnacle es una de las recopilaciones más exhaustivas de consejos expertos sobre apuestas que encontrará en Internet. Dirigida a todos los niveles de experiencia, nuestro objetivo consiste simplemente en facultar a los apostantes para que estén mejor informados.