mar 30, 2018
mar 30, 2018

Los 10 mejores momentos de la MLB en los últimos 20 años

Los 10 mejores momentos de la MLB en los últimos 20 años según Pinnacle

¿Ha entrado en la lista tu momento favorito?

Los 10 mejores momentos de la MLB en los últimos 20 años

Para celebrar el 20 aniversario de Pinnacle, esta serie de artículos repasará los mejores momentos de nuestros deportes más populares. Estos son los 10 mejores momentos en los últimos 20 años de la Major League Baseball.

El «juego sin hit» de Clayton Kershaw en 2014

Imparable. Una palabra que quizás se use en exceso en algunas ocasiones, pero una noche de junio de 2014 Clayton Kershaw tuvo una actuación digna de ese calificativo.

En 115 años de la Major League Baseball se han producido 283 «juegos sin hit», pero posiblemente el de Kershaw sea el mejor que haya visto el montículo del lanzador. Los Colorado Rockies no tuvieron capacidad de respuesta ante el dominio del lanzador de los Dodgers, mientras este se convertía en el primer jugador que consigue quince «strikeouts» sin permitir ni un «hit» ni una base por bolas.

Kershaw consiguió un «Game Score» de 102, la segunda mayor puntuación en la historia de la Major League, y seguro que su «no hit no run» permanece durante mucho tiempo en los libros de estadísticas.

El robo de una base de Dave Roberts en 2004

Siempre se conocerá a los Boston Red Sox de 2004 como el equipo que rompió la «maldición del bambino», poniendo fin a una espera de 86 años para conseguir el título mundial. Barrieron a los St Louis Cardinals en su enfrentamiento de la Serie Mundial, pero lo que perdurará durante mucho tiempo en la memoria de los aficionados es su forma de alcanzar esa final.

Los Red Sox estaban al borde de la eliminación en la final de la ALCS, ya que perdían 3-0 ante sus grandes rivales, los New York Yankees, y solo quedaban tres «outs». Mariano Rivera, uno de los mejores cerradores en la historia de este deporte, se encontraba en el montículo y parecía que, una vez más, los Red Sox no estarían a la altura de las circunstancias tras realizar una temporada que parecía prometedora.

Este tipo de situaciones suele provocar el nacimiento de un héroe inesperado y, en esta ocasión, el «pinch-runner» Dave Roberts fue quien se encontraba en el lugar y momento precisos. Rivera permitió que Kevin Millar, bateador de los Red Sox, consiguiera una base por bolas, lo que dio a Roberts la oportunidad de entrar en el partido con el objetivo de robar la segunda base.

Es importante recordar lo cerca que estuvieron los Yankees de conseguir una revirada decisiva. Un lanzamiento de Rivera estuvo a tan solo centímetros de eliminar al corredor antes de que pudiera utilizar su velocidad. El lanzador de los Yankees intentó tres reviradas antes de realizar un último lanzamiento alto y fuera al guante de Jorge Posada. El lanzamiento de Posada a la segunda base fue bueno, pero Roberts consiguió vencer de alguna manera al guante de Derek Jeter y ponerse a salvo en la segunda base.

El público celebró la base robada como si se tratara de un «home run» y todo el mundo sintió que ese fue el momento en el que realmente cambiaron las tornas en la serie. Los Sox se convirtieron en el primer y único equipo que ganó un «playoff» teniendo una desventaja de tres partidos y, por fin, lograron que la maldición pasara a mejor vida.

Los Arizona Diamondbacks ganan la Serie Mundial en 2001

La cifra de hombres que han caminado sobre la luna (12) es superior a la de jugadores que han conseguido una carrera en un partido de «playoff» contra Mariano Rivera (11). Una estadística increíble teniendo en cuenta que Rivera ha lanzado en más de 140 entradas de «playoff». De esas once carreras, ninguna fue más transcendental que el mal bateo de Luis González, con el que mandó la bola al centro del campo.

Los Arizona Diamondbacks se fundaron en 1998 y ya en 2001 llegaron a la Serie Mundial, en la que se enfrentaron a todo un clásico del béisbol, los New York Yankees. Una victoria les convertiría en el equipo creado debido a una ampliación que menos tiempo necesitó para ganar la Serie Mundial.

A pesar de ser una franquicia con 95 años menos de historia que sus rivales, los Diamondbacks se encontraron con un 2-0 a su favor al comienzo de las series. Los Yankees remontaron hasta empatar 3-3 las series, lo que llevó a los equipos al séptimo partido.

Con 26 Series Mundiales en su haber, en la antesala del séptimo partido parecía inevitable que los Yankees no continuaran con el dominio que ejercieron durante el cambio de siglo. Habían ganado las tres Series Mundiales anteriores gracias a que Derek Jeter, el recién coronado «don Noviembre», atravesaba un momento espectacular.

Sin embargo, los Diamondbacks dieron lo mejor de sí mismos y el momento culminante llegó cuando Luis González entró en escena al término de la novena entrada, con las bases llenas y para enfrentarse nada más y nada menos que al mejor cerrador de todos los tiempos y a la franquicia con más éxitos en la historia de este deporte. Y todo eso en el séptimo partido de la primera Serie Mundial de su equipo. De alguna manera, pudo templar los nervios para enviar la bola al centro del campo y alterar el orden establecido.

Los Yankees no volverían a ganar otra Serie Mundial hasta 2009.

Los Chicago Cubs de 2016 acaban con la maldición de la cabra Billy

Durante su racha de 110 años sin ganar la Serie Mundial, hubo momentos en los que parecía que los Chicago Cubs eran víctimas de una maldición. Desde gatos negros hasta la intromisión de los seguidores (el incidente con Steve Bartman se merece un hueco en esta lista), los Cubs siempre encontraron la manera de perder partidos decisivos.

Con la oportunidad de ganar su primer título desde 1908, los Cubs llegaron al séptimo partido de la Serie Mundial de 2016 al borde de la gloria, pero muchos seguidores esperaban que algo volviera a salir mal. Con Cleveland bateando al término de la décima entrada, los Cubs tenían dos «outs» y una ventaja de una carrera: era el momento perfecto para que la maldición volviera a hacer de las suyas.

Pero no fue así, los Cubs mantuvieron la calma, se aseguraron un último «out» y comenzaron una celebración que se extendió por toda la ciudad. ¿Podrán volver a hacerlo este año?

El lanzamiento de Derek Jeter en 2001

A decir verdad, esta lista de los diez mejores momentos se podría completar con jugadas de Derek Jeter, pero esta es la que pasa el corte.

Los Yankees perdían por dos partidos en la Serie de la American League Division y conservaban una pírrica ventaja de 1-0 cuando Jeremy Giambi, de los Oakland Athletics, rodeó la tercera base y se dirigía a la última base para anotar la carrera que empataría el partido.

Un lanzamiento demasiado alto de Shane Spencer debería haber permitido que Giambi llegara cómodamente a la última base, pero el bateador de los Athletics no contaba con la intervención de Derek Jeter. El parador en corto de los Yankees surgió de la nada para recoger la bola y lanzar una flecha al receptor Jorge Posada, y lo hizo corriendo a toda velocidad.

Posada hizo el resto (con la ayuda de una decisión arbitral magnífica) y el momento de esplendor de Jeter sirvió para cambiar las tornas, ya que los Yankees consiguieron ganar las series.

El «home run» de Cal Ripkin Jr en el partido de las estrellas de 2001

Tras una carrera batiendo récords en la Major League en la que en ocasiones parecía que los años no pasaban por él, Cal Ripkin Jr llegó a su decimonoveno partido de las estrellas consecutivo sabiendo que sería el último.

El futuro miembro del salón de la fama, que siempre aparecía en las grandes ocasiones, consiguió un «home run» en solitario tras el primer lanzamiento del partido, efectuado por Chan Ho Park.

Ripkin Jr rodeó las bases en mitad de una ovación atronadora y se fue a abrazar a sus compañeros de equipo, mucho de los cuales habían crecido viendo los partidos de la leyenda de los Orioles. Una despedida adecuada para uno de los mejores de todos los tiempos.

El «home run» ganador de Aaron Boone en 2003

«Dos “outs”, al término de la novena entrada, 3-2 en el marcador, Aaron Boone al bate… y consigue un “home run”».

Aaron Boone vivió el sueño de cualquier jugador de la Little League con un «home run» ganador que sirvió para que los Yankees se aseguraran un puesto en la Serie Mundial de 2003. Y si añadimos el hecho de que lo hizo contra los Red Sox, nos daremos cuenta de lo crítico que era ese momento.

Los seguidores que asistieron al partido afirman que la celebración que se desató mientras Boone rodeaba las bases fue la más ruidosa que jamás se haya producido en el estadio de los Yankees. El «home run» de Boone se ha convertido rápidamente en uno de los momentos más queridos en la historia de esta franquicia legendaria.

Galarraga y Joyce se encuentran en el plato en 2010

La mayoría de estos momentos rinden homenaje a la excelencia, pero este comienza con un error.

Cuando Jason Donald hizo acto de presencia en el plato, Armando Galarraga, de los Detroit Tiger, estaba a tan solo un «out» de convertirse en el vigesimoprimer lanzador en la historia de la Major League que consigue un partido perfecto. Donald consiguió batear, pero su bola rasa tenía poca fuerza y no pudo llegar a la primera base, lo que permitía que Galarraga consiguiera el partido perfecto. O al menos eso es lo que debería haber sucedido.

Jim Joyce siempre fue considerado uno de los mejores árbitros del béisbol, pero cometió un error al conceder la base al corredor, lo que terminó con las opciones de Galarraga de entrar en el libro de los récords. Fue una situación desafortunada de la que nadie salió beneficiado. Al menos hasta que los dos hombres lograron sacar algo positivo de una situación que no parecía propicia para lograrlo.

El día después del fallo arbitral, Detroit envió a Galarraga al plato, donde se encontró con un Joyce que no pudo contener las lágrimas. Joyce había admitido su error y pidió disculpas a Galarraga, que no culpó al árbitro. El incidente terminó con una palmada en la espalda y una ovación del público, ya que el error no intencionado de Joyce se convirtió en un triunfo de la deportividad.

Publicación de «Moneyball» en 2003

Puede que los amantes de la sabermetría y quienes se muestran escépticos no se pongan de acuerdo sobre estadísticas, pero seguro que ambos bandos están de acuerdo en la importancia que tiene el libro «Moneyball», de Michael Lewis. El libro narra la historia de Billy Beane y los Oakland Athletics, que intentan alterar el orden establecido en la MLB mediante la búsqueda de valor en jugadores ignorados. 

Quince años, más de un millón de ejemplares vendidos y una película de Hollywood protagonizada por Brad Pitt han dotado de popularidad a «Moneyball», haciendo que la sabermetría llegue a un público completamente nuevo.

Ichiro Suzuki rompe el récord de bateo en una sola temporada en 2004

En 1920 George Sisler estableció un récord de bateo en una sola temporada que, con el transcurso de los años, parecía insuperable. Desde 1930, nadie quedó a menos de 24 bateos del récord, ya que el béisbol moderno se convirtió en un deporte menos favorable para los bateadores. Los entrenadores utilizaron relevistas y lanzadores especializados que habían añadido los lanzamientos quebrados a su arsenal. Solo tres récords aplicables a una sola temporada de la Major League habían durado más que el de Sisler,

cuyo récord parecía que iba a perdurar durante muchos más años. Y así fue hasta que llegó un joven jugador japonés procedente de la Nippon Professional Baseball.

En 2004 Ichiro Suzuki bateó un lanzamiento a media altura para inscribir su nombre en el libro de los récords. La hija de Sisler, de 81 años, se encontraba entre el público para aplaudir al poseedor del nuevo récord.

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